Imagínense la escena: el responsable de gestión de productos de una gran empresa industrial convoca una reunión para analizar tendencias de mercado. La mayoría visualizaría un grupo de señores muy serios consultando con solemnidad documentos y gráficas en torno a una gran mesa. Quizá sea más inusual que el centro de esa mesa este plagado de piezas de Lego…

Jugar es algo muy serio

El pasado mes de marzo, en Espira (Alemania), ocho compañeros de MANN+HUMMEL nos reunimos en un taller sobre innovación en el área de Product Management con el fin de identificar y analizar las tendencias actuales del mercado, entender su posible impacto en nuestro negocio y definir acciones y proyectos a desarrollar. La impresión que podríamos ofrecer a un observador neutral está lejos de la estampa típica de una reunión de equipo. En este caso, optamos por plantearlo de un modo más lúdico al tiempo que constructivo: mediante juegos.

Nuestro objetivo era encontrar nuevas respuestas para enfrentarnos a los retos de un entorno económico cambiante. Para ello, era necesario abstraerse de los límites y condiciones del mercado actual y ampliar el horizonte de posibilidades futuras en temas como la digitalización de nuestro modelo de negocio o la llegada a la Casa Blanca del polémico Donald Trump. En nuestra sesión hicimos uso tres juegos distintos para potenciar la creatividad. Los resultados excedieron nuestras expectativas, pues anotamos más de un centenar de ideas potencialmente traducibles en proyectos.

Diversión en la oficina

El primero fue el clásico juego de bloques de Lego. La famosa firma de juguetes tiene desde hace años una serie llamada Serious Play® orientada a profesionales. Los kits incluyen multitud de piezas de distinta forma, tamaño y color, con las que los jugadores crean construcciones que ayudan a comunicar mejor los detalles de sus ideas.Lo singular de este juego es que no sólo sirve para representar objetos físicos, como componentes o equipos técnicos, sino también conceptos abstractos, como emociones y situaciones que encontramos en nuestro entorno laboral. Su capacidad para potenciar la comunicación entre los miembros del equipo es fascinante, pues favorece la participación espontánea y sin prejuicios de todos, permite visualizar ideas e interrelaciones con mayor fluidez y riqueza de matices, y resulta especialmente útil cuando se trata de un grupo multicultural como el nuestro –de los ocho participantes en el taller, tres eran indios, cuatro alemanes, y yo, español-. En nuestro caso, realizamos modelos individuales, en parejas y finalmente todo el equipo estuvo involucrado en crear una construcción común que representaba un escenario de mercado. Todas las construcciones, explicaciones y conclusiones fueron documentadas en fotos y vídeos para poder consultarlas cuando sea necesario.

La segunda actividad fue el Método Disney, un simpático juego en el que fuimos adoptando los roles de “soñador”, “hacedor” y “crítico”. En el primer rol, entramos en un proceso especulativo de generación de ideas. Con el segundo, llegó el momento de revisar las ideas creadas en el proceso anterior y seleccionar las que más potencial tenían. Finalmente, el tercero de los roles nos sirvió para analizar de forma crítica las ideas y los medios planteados e identificar los riesgos y obstáculos que podíamos encontrarnos en la ejecución.

El último juego fue el Método Flip-Flop, que consiste en imaginar la mejor forma posible de realizar alguna actividad para asegurar su absoluto fracaso. Una vez que nos dimos cuenta de todo lo que no hay que hacer, nos resultó mucho más fácil identificar las mejores prácticas.

Una buena filosofía para innovar

Como veis, los juegos pueden ser una cosa muy seria, pero en el mejor sentido de la palabra: son una forma de expandir nuestra imaginación, ampliar nuestros canales de comunicación y trabajar en equipo de forma más fluida y enriquecedora, factores clave en innovación. Además, ya lo dijo un célebre filósofo hace casi siglo y medio: “La madurez consiste en recuperar la seriedad con la que jugábamos cuando éramos niños”.